Recordando la vida…
El 2 de noviembre se considera el “Día de Muertos”, una celebración tradicional de origen mesoamericano que honra a los difuntos. México es el país que más arraigada tiene esta tradición, por lo que, en 2008, la Unesco declaró a la festividad como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en México.
A pesar de que esta festividad tiene su origen desde antes de la conquista española a México, tiene una fuerte influencia por parte de la religión católica. Alondra no es apegada a dicha religión, pero como varios mexicanos, se une a celebrar la muerte como lo que es: algo inevitable y no algo por lo cual se deba tener miedo.
Alondra sabía que iba a tener un día ocupado y largo, pero estaba emocionada por ir a visitar la tumba de su bisabuela, tio abuelo y su primo. Sumergida en las actividades cotidianas, le es imposible visitarlos con la frecuencia que desea, pero cada 2 de noviembre está con ellos, recordando cómo fueron en vida y como espera que sigan en muerte.
Ella pidió que no grabara su voz mientras contaba lo que recordaba de sus muertos, porque no quería que su voz se escuchara “quebrada”. Podía escucharse en ella la añoranza, la nostalgia, pero la tranquilidad de que ellos no estaban tristes o sufriendo.A pesar de no recordar a su bisabuela, su mamá le cuenta que ella siempre tenía una sonrisa en el rostro y buscaba contagiar de felicidad a los demás, porque, ella creía que los problemas de la vida se afrontaban más fácil con una sonrisa. Siempre tenía algo bueno que decir, algo que ayudaba a levantar el ánimo.
“Mi tío tenía la costumbre de robarnos nuestra comida, siempre que te distraías, robaba un pedazo de carne de nuestro plato, era un juego entre él y nosotros, nosotros teníamos que evitar que él nos ganará”. Alondra prefiere recordarlo así, que cuando su vida estaba terminando su vida a causa de cáncer en el pulmón.
Por ser el que falleció hace poco, los recuerdos de la vida y muerte de su primo son los que recuerda con más fuerza. “Mi primo es mayor que yo, él siempre nos cuidaba cuando había reuniones familiares y jugaba con nosotros, me gusta recordarlo así: divertido, protector y en papel de hermano mayor para mí y todos mis primos”.
Para culminar la entrevista, Alondra comento “mi experiencia en el panteón fue muy agradable. Ya que, es una tradición muy colorida a pesar del día que celebramos. Me gustó mucho, ya que los mexicanos seguimos con las tradiciones que nos dejan nuestros antepasados”..
Así como Alondra, miles de mexicanos llenan los panteones al ir a visitar a sus antepasados, llevando sus platillos favoritos, sus flores favoritas, objetos que usaban en vida, no para conmemorar su muerte, sino para festejar lo que fueron en vida.
*Los nombres han sido modificados por petición del entrevistado.
**Las fotos fueron tomadas en el Panteón de Tesistán, pero no en las tumbas que visitó el entrevistado


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